martes, 31 de julio de 2012

ENEAS

Él fue lo último en que pensé al acostarme y lo primero que me vino a la cabeza al levantarme. Sabía que tenía una oportunidad de verle, aunque fuera a lo lejos. No perdía nada al intentarlo. Así que aquella mañana me levante pronto, me arreglé y cogí mi coche para ir en su busca. Solo nos separaban unos 40 km de distancia, pero claro una vez llegara a mi destino tenía que encontrar el dichoso conservatorio donde él estaría grabando. Mientras conducía en mi cabeza solamente estaba él, cada conversación, cada mirada, cada sonrisa…. Pensaba en la cara que pondría si realmente lo encontraba, si me veía allí plantada, esperando algo o alguien. No sé, tal vez eran ilusiones mías, todo fantasías de mi mente. A lo mejor es que necesitaba más cariño del que tenía y por eso le buscaba a él. Necesitaba comprobar si era real o solo un producto de mi imaginación. Al fin llegué, no eran ni las 9.Perfecto ahora solo quedaba preguntar a alguien para llegar al conservatorio. Él estaría allí hasta las 12, no me importaba esperar. Por él esperaría todo el tiempo del mundo, se lo merecía por como era y cómo me trataba. Pregunté a un señor que donde quedaba el conservatorio, me dijo que no era difícil de llegar que en un par de calles lo encontraría. Mi corazón empezó a latir con más fuerza, parecía que se iba a salir de mi pecho, pum pum, pum pum. Al girar la última calle vi un gran edificio “CONSERVATORIO”, un escalofrío recorrió mi cuerpo, paré el coche y esperé cerca. No sabía si el llegaría pronto o no, si aparcaría cerca de la puerta o retirado, si iría acompañado o solo… Bajé del coche y me puse a caminar, tal vez para intentar relajarme. En diez minutos empezaron a llegar coches de los cuales bajaban niños de 8 o 9 años, pero él no aparecía. Empecé a pensar que tal vez no era cierto lo que me decía, que simplemente eran escusas para no quedar, a lo mejor él se conformaba con hablar por el MSN y vernos por Cam, pero yo necesitaba algo más, necesitaba sentir el contacto con su piel, el roce de sus labios, necesitaba tenerle cerca para saber que era real. Una pena inundó mi alma y entré en el coche con la idea de irme y hacer como que nunca había cogido el coche, que nunca fui en su busca, seguiría igual con él, porque era alguien muy importante para mí, pero nunca sabría lo que hice aquella mañana. Arranqué el coche con lágrimas en los ojos, hice un giro allí mismo para dar la vuelta y de repente apareció un coche delante de mí. Tuve que frenar en seco y él también. Y cuando abrí los ojos y miré al frente ahí estaba él. Salió del coche deprisa y vino a mi ventana a preguntarme si estaba bien, tan dulce, tan amable como siempre. Como había imaginado en mis sueños. No sabía si me reconocería, aunque realmente debería de hacerlo, nos hemos visto muchas veces a través de la pantalla. Salí del coche, despacio con la cabeza baja, y cuando estuve frente a él, nos miramos, como tantas veces nos habíamos mirado. Nos inundó el silencio, no sabíamos ni que decir ni que hacer. Un calor se apoderaba de mis mejillas y me sonrojé. Al fin él, levantó su mano lentamente y me acaricio la mejilla,muy suave como si fuera a romperme. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y de mi boca salió un suspiro. Él me preguntó qué hacía allí, porque tenía los ojos llorosos. No me salían las palabras, solo quería que el tiempo se detuviera, para que aquel instante no acabara nunca. Levanté mi mano y la puse sobre la suya apretándola con cariño sintiendo su calidez. Al fin le dije que venía a verle, y que ya me iba por que no había llegado y justo fue cuando apareció delante de mí. Me sonrió y me abrazó contra su pecho, me dijo que ahora tenía que marcharse pero que a las 12 cuando saliera si yo le esperaba podríamos estar otros 10 minutos juntos. Le dije que le esperaría, que valía la pena esperar por diez minutos. Me beso suavemente en los labios y se fue. Me quedé allí sola, con su sabor en mis labios, con su calor en mi mejilla, con su olor en mi cuerpo. Creo que el corazón no me latía, que se había parado en ese momento para recordarlo por siempre. Aquellas tres horas fueron infinitas. Me fui a dar una vuelta por el pueblo, aunque ya había estado allí alguna vez no lo conocía mucho. Tome un café, pero mi mente estaba llena de él, siempre de él. Me hubiera encantado que aquel triste y solo café hubiera sido juntos, pasear de la mano, besarnos en cada esquina, llenarnos con ese deseo que nos recorría la piel. A las 11.30 yo ya esperaba impaciente en la puerta del conservatorio. Impaciente, ansiosa de sentir sus manos acariciando mi cara y sus labios rozando dulcemente los míos. A las 11.40 le vi aparecer en la puerta, me cogió de la mano y me dijo ven. Nos adentramos a un pasillo oscuro y vacío. Mi corazón latía velozmente, no sabía lo que quería ni donde me llevaba. Sacó una llave del bolsillo y abrió una puerta que daba paso a una pequeña habitación. Entramos en ella y cerró la puerta. Me cogió por la cintura y me llevo hasta una pared y se puso delante de mí. Me susurro en el oído que no había podido pensar en otra cosa durante la grabación, que me deseaba y que no podía esperar más este momento. Así empezó a besarme lentamente lo labios, el cuello. Su mano recorría mis mejillas, mi cuello, bajaba por mis pechos y llegaba a mi cintura y así volvía a subir. Mis manos se posaron en su culo, apretándolo con fuerza y nos besamos apasionadamente, torpes sin saber dónde poner las manos, sabiendo que lo que hacíamos era fruto del deseo, de tantas y tantas conversaciones, de tantas y tantas noches pensando el uno en el otro. Las respiraciones se aceleraban y los gemidos eran cada vez más fuertes. Notaba como se le ponía cada vez más dura y se apretaba más conmigo para que yo la notara, me estaba poniendo a mil. La situación era perfecta, solo teníamos 15 minutos, los dos sabíamos que deseábamos, así que él me dio la vuelta, se bajo en pantalón y dejo salir toda su erección fuera. Me levantó la falda y tiro hacia un lado mi tanga, pasó la mano por mi sexo notando su humedad. Mi clítoris se iba haciendo más grande mientras él lo tocaba. Y entonces metió todo su miembro dentro de mí moviéndose despacio, haciéndome sentir en cada uno de mis músculos su fuerza. Cada vez se movía con más ganas haciéndome se sentir hasta en lo más hondo de mi. Yo me movía a su ritmo mientras mi mano masajeaba mi clítoris. Sabía que no tardaría mucho en llegar al orgasmo, toda aquella situación me tenía a mil y creo que a él tampoco le quedaría mucho. Seguía con los movimientos acompasados con nuestras respiraciones, le dije que no parara que quería sentirlo dentro de mí, sentir su energía, ganas, quería correrme con ella dentro y que él lo notara. Mis piernas empezaron a temblar, mis gemidos fueron cada vez más fuertes, al igual que sus embestidas. No pares cielo, no pares, le dije- me voy a correr para ti, para que lo sientas. Así me corrí, inundando aquella sala con mis gemidos. El paró de moverse y saco su miembro de mi. La cogí con mis manos y empecé a acariciarla. Me arrodillé delante de él, y empecé a jugar con mi lengua, saboreando los restos de mi orgasmo. Pasaba mi lengua juguetona por todo su sexo, por su capullo, por sus huevos, el se movía deseoso de que la metiera entera en mi boca. La introdije poco a poco, con ligeros movimientos, dentro, fuera, dentro, fuera. El gemía de placer y a mí me volvía loca escucharle tan excitado. Aumenté el ritmo, el movía su pelvis a mi compás. Se la comía como hacía mucho que no lo hacía, con ganas de devorarlo, de hacerle mío, de sentir su corrida en mi boca. Vamos córrete- le dije- dámelo todo, si así quiero que me inundes las boca con tu leche. Se corrió, me lleno toda la boca con su placer, saboreé toda su corrida, me encanto aquella sensación de poder. Me levanté, coloqué mi ropa en su sitio. Le miré, aún respiraba rápidamente, le besé y me besó. Me susurró al oído que nunca podría olvidar ese momento. Se subió el pantalón se recompuso de su orgasmo y salimos los dos juntos por la puerta. Me acompañó hasta el coche, me dijo que aún no me había ido, pero que ya me echaba de menos. Le dije que pronto nos volveríamos a ver. Le di un beso, me subí en el coche y me fui camino a casa. Fue entonces cuando algo me desconcertó, un sonido invadió mis oídos, y sobresaltada abrí los ojos. No me lo podía creer, todo había sido un sueño. Miré a mi alrededor, no sabía dónde estaba. Me senté en la cama y me repuse. Estaba en mi habitación, todos seguía en su lugar. La cama estaba muy revuelta, mire la hora en el despertador y me deje caer en la cama. En mi cabeza aquel sueño no dejaba de dar vueltas, había sido tan real que aun podía notar la excitación. Me levanté y fui a lavarme la cara al baño. Me miré al espejo, tenía muy mala cara, pese a que el sueño había sido totalmente placentero. Fui hacia la cocina y me preparé algo para desayunar. Saqué el brick de leche de la nevera y me serví un vaso al que añadí un poco de café y un par de cucharadas de azúcar. Lo cogí y me fui al ordenador. Lo puse en marcha, mientras se iniciaba bebí unos sorbos del café con leche, todavía dándole vueltas al sueño. Abrí la página de inicio del MSN, puse mi dirección y mi contraseña y espere a que los muñequitos dejaran de dar vueltas, lo que indicaba que estaba listo para ver a mis contactos en línea. Para mi alegría allí estaba él, conectado y yo deseosa de contarle mi sueño, de que supiera que lo deseo tanto. Nos saludamos, y como siempre me mando una invitación para abrir las cámaras web. Le advertí que no tenía muy buena cara, pero a él no le importaba, yo le gustaba de todos los modos, o por lo menos era lo que él decía. Cuando se conectaron las cámaras nos volvimos a saludar, pero en su cara note un poco de preocupación o de seriedad. Le pregunté que le pasaba y me dijo que estaba un poco mal, porque su mujer terminaba de trabajar al día siguiente y estarían la mayor parte del mes fuera sin poder conectarse. La verdad es que era una mala noticia, pero no se podía hacer otra cosa. Le dije que no se preocupara, que ya sacaríamos tiempo para hablar, que nos dejaríamos mensajes por el MSN y que bueno cuando regresara ya hablaríamos.No me dio tiempo a decirle nada más. Cerró su ventana de repente como tantas otras veces había pasado. Supuse que había llegado su mujer. Aquel día fue el último que hablamos. Le echaba mucho de menos, pensaba en el cada noche, le escribía cada día, algunas veces obtenía respuesta y otras no.

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